Hace poquito descubrí feedjournal, un servicio que elabora un pdf con los contenidos de un feed en formato periódico y te permite descargarlo, imprimirlo o colgarlo en el blog mediante un widget. He hecho una pequeña prueba con Los papeles de BC.
Abajo debería verse una previsualización del mismo, como no me aparece nada en la vista previa no sé cómo habrá quedado. Si sale bien podríamos hacer una publicación mensual con todas las novedades del blog, para descarga libre, o imprimirla y repartirla por las zonas de cruce, etc... ¿Qué os parece?
jueves, 29 de mayo de 2008
El periódico de Los papeles de BC
La caza
A veces, sucede que llego allí, en sueños. Siempre es el callejón oscuro, las casas carcomidas, la noche, el cielo amenazando lluvia. Y ese instinto de cazador a la búsqueda de una presa, todos los sentidos afilados. Puedo oír la mínima carrera de las cucarachas, una gota de lluvia que cae, monótona. Puedo oler la basura, la humedad. Y el miedo. Nunca he visto a nadie, siempre estoy solo, mis pasos resonando en las baldosas mojadas. Hasta hoy. Hoy, la tengo delante de mi, avanzando inocente hacia el fondo del callejón, como si no supiera adónde va. Un muro le cierra el paso. Se detiene, duda un momento y se vuelve hacia la salida, hacia mí. Siento una excitación nueva corriendo por mi espina dorsal, un placer anticipado, siniestro. Avanzo despacio hacia ella. Al fin, parece haberse dado cuenta de mi presencia. Retrocede, es cuestión de un momento que llegue al fondo, a la pared que le cortará la retirada, que la dejará a mi merced. No hay prisa, no puede escapar. Me mira, sin verme. En cambio, yo distingo perfectamente su cara, a la luz distante de las farolas de la avenida, el miedo en sus ojos muy abiertos. Un par de pasos y estoy a su lado, rozándola casi. Siento mi sexo desperezándose, creciendo, apremiante. El placer es tan intenso que resulta casi insoportable. Pongo una mano en su hombro, no la rechaza, no se mueve. Entonces, muy despacio, avanzo la otra hacia su muslo, le subo la falda, recreándome en la suavidad de su piel, cada vez más arriba, sin encontrar resistencia. Noto los latidos de la sangre en su garganta que ahora aprieto un poco, sólo un poco, para gozar el contacto. Acaricio su vientre terso, insinúo un dedo en el ombligo y sigo hacia abajo, como el niño que va alcanzar un premio largo tiempo postergado. Las bragas no son un obstáculo, sino un acicate, el encaje entre mis dedos, que lo apartan sin esfuerzo, para demorarse en el vello que marca el camino hacia la meta deseada. Apenas un estremecimiento eriza su piel, pero ella sigue inmóvil, demasiado inmóvil. Extrañado, me aparto un poco. Huelo su miedo, que la paraliza, y me produce una salvaje alegría. Puedo hacer con ella todo lo que quiera, lo que sé desde siempre que voy a hacer. Ha empezado a lloviznar, noto el agua fresca en mi pelo, en su su piel desnuda, en la tela tan fina de su blusa, que empieza a empaparse.
Y entonces, sin aviso, noto el dolor en la mano con que le aprieto el cuello, oigo su alarido mientras sacudo la mano para librarme de sus uñas, hija de puta. Se desprende de mí y cae hacia el suelo, con un sollozo ahogado. El alarido todavía resuena cuando empiezo a despertarme sintiendo la humedad en los pantalones del pijama. Con los ojos medio cerrados, miro a mi mujer, que duerme a mi lado. Poco a poco, se borran el callejón, el sonido de la lluvia, el cuerpo de la mujer bajo mis dedos. Me doy media vuelta en la cama mientras en mi mente, una voz lejana me dice que, en realidad, no importa: mañana volveré a encontrarla, y ya no podrá escaparse.
Maite Capón (Caracol Osvaldo)
miércoles, 28 de mayo de 2008
¿Existe el arte?
1.El vehículo de expresión.
2.El hijo de nuestras frustraciones.
3.La vía de escape, el mundo artificial del artista esquizofrénico.
4.El paraeje, el idealismo chinesco, costumbrista, imitador, paródico.
5.El aborto de estériles que ansían la inmortalidad.
6.El arma cargada de futuro, de moral, de crítica, enseñanzas y sabiduría.
7.La prostituta, el espectáculo condicionado a su público y sus ingresos.
8.El rebelde sin causa, la originalidad intencionada.
9.La novedad de rancio abolengo.
10.El alter ego, la introspección, la obra-individuo.
11.La artesanía, lo popular, lo tradicional, lo colectivo.
12.El profesional perfeccionista, el estilo depurado.
13.La genialidad, el negro pozo dónde vomitar los delirios de la inspiración.
14.El arte por el arte.
Y yo me pregunto ¿existe pues, el arte? ¿hay algo a lo que podamos llamar creación? ¿es necesaria? ¿no somos acaso simples recreadores o, peor aún monos mecanógrafos a servicio del azar? Y si el arte es sólo forma y combinación ¿no lo sería entonces cualquier actividad humana que las requiera?
La visita
(un toque gamberro)
Estaba limpiando el polvo cuando llamaron al timbre. Creyó que sería el cartero, por eso abrió la puerta sin mirar. Se quedó un poco desconcertada por el tipo que tenía enfrente: gordo sin paliativos, con gafas redondas tipo Trotski y calzado con unas zapatillas de felpa a cuadros.
-Permítame, señora, que me presente. O, mejor, que le presente a mi grupo: La armonía universal perfecta -Se interrumpió un momento, mirándola con fijeza- Usted ama la paz, naturalmente.
- Sí, claro –respondió ella, automáticamente.
Él sonrió, satisfecho, haciéndole recordar una raja abierta en una sandía con gafas. Ella dirigió la mirada, sin querer, hacia los pies del individuo.
- Juanetes, señora. Pero eso no importa. Lo importante es... ¿Me permite pasar? Así se lo podré contar con más tranquilidad. Un tema como éste requiere tiempo -prosiguió, untuoso y persuasivo.
Sin saber cómo, estaba preparándole un café, mientras él ocupaba la totalidad del sofá.
- Pero no se quede de pie, señora, por favor, siéntese aquí, póngase cómoda. Con sacarina, gracias.
***
Cuando se quiso dar cuenta, el gordo reposaba satisfecho en su cama. Y desnudo, cielo santo. Muy desnudo. Pero lo peor es que ella estaba a su lado y, desde luego, no llevaba ropa. Se incorporó, envuelta en una nube compuesta por asombro y vergüenza a partes iguales, buscando con qué vestirse. Él la cogió por el brazo.
- ¿Dónde vas, cariño?
(¿Cariño?)
- Es que tengo trabajo -balbuceó-. Yo estaba limpiando el polvo, me parece. Dejé el plumero en la mesita, ¿no?, y creo que aún no se lo había pasado a la foto de Marcelino. No me gusta que se acumule el polvo...
Él la interrumpió, con un majestuoso ademán de la mano libre.
- Ignoro quién será ese Marcelino de que me hablas. Pero, en cuanto al polvo, deja que me ocupe yo, palomita mía.
La atrajo con suavidad, sin encontrar resistencia, todo hay que decirlo. Ella se dejó caer, ruborosa, sobre su extenso pecho, mientras sentía que la galería de vivos por delegación a que había dedicado su vida se escurría de su mente, como tragada por el desagüe del lavabo.
Caracol Osvaldo