viernes, 27 de febrero de 2009

II CONCURSO DE RELATOS BC

Aquí estamos de nuevo, organizando el segundo concurso de relatos Bookcrossing. Y éstas son las

BASES
- Participantes: Todos los BCeros que lo deseen, tanto reales como trolls.

- Tema: Libre.

- Modalidad: Igualmente, libre. Si alguien se anima con la poesía, con el ensayo, o lo que sea, será igualmente admitido.

- Extensión: Dos folios, aproximadamente, aunque como en el anterior concurso, seremos flexibles. Espaciado 1,5, letra Times New Roman 12 ó Arial 10 (esto es sólo para que se lea bien).

- Idioma: El que os dé la gana. En todo caso, si no es en castellano, agradeceríamos traducción, para facilitar la comprensión de los textos a los votantes.

- Plazo de entrega de originales: Del 1 al 20 de marzo.

- Los originales se enviarán por correo electrónico a la siguiente dirección: lospapelesdebc@gmail.com. Se presentarán bajo seudónimo. En hoja adjunta, separada del cuerpo del relato, se hará constar el seudónimo y el nick del autor. Dichos datos serán custodiados por el receptor hasta el momento en que se publique el resultado del concurso.

- Los relatos se publicarán en este blog.

- Tendrán derecho a voto todos los Bceros. Los relatos se puntuarán de 1 a 10 y será ganador –lógicamente- el texto que más puntos obtenga. Si alguien se siente ingenioso y decide utilizar decimales en la puntuación, los mismos se tendrán en cuenta solamente a efectos de desempate.

- La votación se realizará mediante mensaje publicado en el foro general de Bookcrossing España, en un hilo específico creado con esta finalidad.

- Plazo de votación: Del 21 al 31 de marzo.

- El ganador será premiado con un libro, a elegir entre los que figuren en su lista de deseos: seguimos sin tener presupuesto para más. En caso de no tener estantería, nos pondremos en contacto con él mediante pm, para que nos envíe una lista con sus preferencias.

- Si el ganador pone objeciones a ser premiado con un libro, nos reservamos el derecho de cambiárselo por un bonito trofeo. Avisados quedáis.

lunes, 9 de febrero de 2009

La librería

- Perdone, estoy buscando dos horas de felicidad.
- Cómo no, al final de la estantería de la derecha, quinta balda, tercer libro.

Así, en esta librería, los clientes preguntan por remedios para la soledad, entretenimientos para tardes lluviosas, viajes a la luna ida y vuelta, aventuras en el desierto, citas con príncipes o princesas, misterios inexplicables, sonrisas en viñetas. El librero siempre sabe exactamente lo que necesitan y dónde lo pueden encontrar.

Un día entra una muchacha, cliente habitual en las últimas semanas.

- Disculpa, estoy buscando el amor de mi vida.
- Justo enfrente de ti, detrás del mostrador, bajo un jersey de rayas.

lunes, 12 de enero de 2009

La función

Poco a poco, empiezo a apreciar un murmullo que, conforme va aumentando, logro distinguir como una suave melodía interpretada por un grupo de trompetas.

Se enciende una luz tenue y, en el gran escenario, sólo se distingue, ligeramente situada a la izquierda, una figura humana sentada en un taburete alto.

Según mis ojos se acostumbran a la luz, la figura se convierte en un hombre, alto, más bien delgado, de unos treinta y cinco años. Lleva el cabello, corto y castaño, bien peinado hacia atrás. En el rostro, pulcramente afeitado, destacan una prominente nariz y unos labios demasiado finos. Va vestido con un jersey negro y grueso, de cuello alto, unos pantalones vaqueros algo desgastados, y unos zapatos, negros también, y brillantes.

La música cesa, y el hombre se levanta del taburete alto lacado en negro. Se acerca al centro del escenario, despacio, como si flotara arrastrado por una marea invisible. Fijando por primera vez su vista en el público, abre su boca de labios finos, y una voz varonil llena el espacio.

“No voy a hablar de mi vida, que seguro a ustedes no les interesa. No voy a interpretar un monólogo humorístico, no es el fin que persigo hacerles reír. Tampoco voy a disertar sobre política, guerras, derechos o causas nobles, no quiero hacerles llorar.

En realidad, no voy a hablar en absoluto durante la mayor parte de la función. Lo que quiero es que escuchen su interior, que se encuentren solos, en oscuridad, en silencio, sin importarles lo que existe a su alrededor. Un diálogo con ustedes mismos tendrá lugar en sus mentes.”


El hombre vuelve, con igual lentitud, al taburete alto, se sienta, y la luz se apaga.


Luis Zamarreño Cosme. Ejercicio para taller de escritura.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

(Santa Sara antes del sacrificio)


Santa Sara

Esclarecida y valerosa doncella cristiana, que un día decidió enfrentarse a los vikingos que asolaban sus tierras, con la sola fuerza de su fe. Así, se presentó en el campamento de los feroces guerreros, con las únicas armas de su convicción y un pequeño crucifijo de madera confeccionado por ella misma, que era muy mañosa. Sin vacilar un momento, comunicó al imponente vikingo de guardia que deseaba ser llevada a presencia de su jefe. El interpelado la condujo ante él sin demora, sospechando que la cosa tenía interesantes posibilidades.

Acudió el hirsuto caudillo, más imponente si cabe que el guardián, y se la quedó mirando de arriba abajo, debido a su muy superior estatura. Ella, alzando la voz cuanto le fue posible y enarbolando el crucifijo, le explicó que había venido a proclamar la verdad del cristianismo, y que estaba dispuesta a sufrir el martirio, pues ni los mayores tormentos podrían hacer que abjurase de sus creencias. Alzando una ceja, despectivo, él ordenó a sus hombres que la llevaran a su tienda sin zarandearla demasiado.

Durante toda la noche las hogueras se alzaron hasta el cielo, atronaron los tambores y sonó el ronco grito de los cuernos, mientras los depravados vikingos danzaban, celebrando el sacrificio de la virgen.

Sara vio amanecer el nuevo día en la tienda del jefe, maltrecha y conmocionada, pero firme en su decisión. Así que, en cuanto vio que el sanguinario caudillo dejaba de roncar y se desperezaba como un oso, cayó a sus pies y le suplicó que la dejara quedarse en el campamento, jurando sobre el crucifijo artesanal que realizaría en el campamento las tareas más rudas y las labores más tediosas con tal de que alguna que otra vez él pusiera a prueba su fe de la misma forma y manera que lo había hecho aquella noche. Rióse el guerrero, la estrechó rudamente y accedió sin más demora a sus deseos, como aconteció muchas otras veces en los años venideros. Dicen las crónicas que, desde aquel día, el campamento permaneció siempre limpio y arreglado como una patena, merced al abnegado trabajo de Sara, y nunca se vio vikingos con las pellizas tan bien cosidas y planchadas.