jueves, 23 de octubre de 2008

El manoseo

Llevo una temporada abriendo el periódico por Economía y coleccionando el salmón, a pesar de que era -como Elvira Lindo, según admitía recientemente en este mismo espacio- de las que se lo saltaban con displicencia. Ya no. Encima, en Economía encuentro crónicas de Soledad Gallego-Díaz desde el Cono Sur, con lo cual mi visión reduccionista en la materia se va ampliando y no poco. Lo de las pensiones en Argentina es un asunto serio, dada la tradición "ahora lo ves-ahora no lo ves", que del Innombrable acá han mantenido los sucesivos Gobiernos.
Pero todo eso carece de importancia. Debo confesarles que el martes por la tarde, e incluso hoy miércoles -reincidiendo- me he lanzado como perra en celo sobre la noticia más trascendental que se ha publicado en los últimos decenios: "¿Merkel no soporta que la manosee Sarkozy?", rezaba el titular digital. ¿Cómo es posible que el hombre que ha seducido a Carla Bruni y ha besuqueado a la pobre Ingrid Betancourt durante sus comprensibles levitaciones, le produzca dentera a esa gobernante regordeta -el texto no lo decía, pero lo pensaba-, que debería mostrarse agradecida cada vez que el primer tenor de la Francia le acerque sus verrugas? Lo que más me gustó fue que, al hacerse eco de la noticia aparecida en un diario suizo -yo uso un dentífrico suizo: son incapaces de hacer aunque sea una pasta de dientes abrasiva-, mencionaran sus suizas explicaciones, del tipo: "Los alemanes no se tocan" (deben de ser todos alemanes probeta) o bien, que la canciller Merkel es de Alemania oriental, en donde aún se tocan menos (salvo la Stasi, eso sí que era cariño verdadero), o, finalmente, que su religión luterana impone distancias supremas.
Angela Merkel tiene razón. A Sarkozy sólo le puede manosear Bruni por amor. O por caridad, en cuyo caso mejor sería que dedicara sus sobos a Rouco Varela, que es misericordioso por religión y naturaleza.
Maruja Torres (El País, 23-10-08)

domingo, 7 de septiembre de 2008

Septiembre


Llega el mes de todos los regresos
el hueco que los años traen,
junto al año estrenado,
para votos de renovación
pero sobre todo
para echar de menos.

El sol dimite en las ventanas
y se lleva el sabor a sal y descanso
de nuestros labios mojados.

Atascos, puestas al día,
nudos, mantas, ascensores,
subir las maletas con ropa de abrigo del trastero.

Llegó el mes de todos los regresos
pero más que eso es
la hora de todas las despedidas,
la prueba de que todo seguirá siendo igual.


Marwan
http://marwanblog.blogspot.com/

lunes, 25 de agosto de 2008

Miembras y carne de miembrillo

A la ministra española de Igualdad y Fraternidad, Bibiana Aído, que pasará a los anales de la estupidez nacional por lo del miembro, la miembra y la carne de miembrillo, le han dado en las últimas semanas las suyas y las del pulpo, así que no quiero ensañarme. Podría, puesto a resumir en dos palabras, llamarla tonta o analfabeta. Supongo que, ateniéndonos a su estólida contumacia cuando fue llamada al orden por gente respetable y docta, a esa ministra podrían irle como un guante ambos epítetos. Pero no lo creo. Quiero decir que no tengo la impresión de que Bibiana Aído sea tonta ni analfabeta. Por lo menos, no del todo. O lo justo. Lo que pasa es que está muy mal acostumbrada.

Bibiana Aído, que es de Cádiz, procede de esa nueva casta política de feministas crecida en Andalucía a la sombra del régimen chavista; que así, dándoles cuartelillo, las tiene entretenidas y goteando agua de limón. Esas pavas, que han convertido una militancia respetable y necesaria en turbio modo de vida y medro, no tienen otra forma de justificar subvenciones y mandanga que rizar el rizo con piruetas cada vez más osadas, como en el circo. La lengua española, que en este país miserable ha resultado ser arma política útil en otros ámbitos, les viene chachi. Por eso están embarcadas en una carrera de despropósitos, empeñándose, cuatro iletradas como son, en que cuatrocientos millones de hispanohablantes modifiquen, a su gusto, un idioma donde cada palabra es fruto de una afinada depuración práctica que suele ser de siglos, para adaptarlo por la cara a sus necesidades coyunturales. A su negocio.

Lo que pasa es que, en el cenagal de la política española, cualquier cosa viene de perlas a quienes buscan votos de minorías que, sumadas, son rentables. Sale baratísimo. Sólo hay que destinar unas migajas de presupuesto y darle hilo a la cometa. Así andan las Bibianas de crecidas, campando a su aire en una especie de matonismo ultrafeminista de género y génera donde, cualquiera que no trague, recibe el sambenito de machista. Y así andamos todos, unos por cálculo interesado y otros por miedo al qué dirán. Los doctos se callan con frecuencia, y los ignorantes aplauden. Incluso hay quienes, después de cada nueva sandez, discuten el asunto en tertulias y columnas periodísticas, considerando con gravedad si procede decir piernas cuando se trata de extremidades en una mujer, y piernos cuando se trata de un hombre. Por ejemplo.

En todo esto, por supuesto, la Real Academia Española y las veintiuna academias hermanas de América y Filipinas son enemigo a batir. Según las feminatas ultras, las normas de uso que las academias fijan en el Diccionario son barreras sexistas que impiden la igualdad. Lo plantean como si una academia pudiera imponer tal o cual uso de una palabra, cuando lo que hace es recoger lo que la gente, equivocada o no, justa o no, machista o no, utiliza en su habla diaria. “La Academia va siempre por detrás”, apuntan como señalando un defecto, sin comprender que la misión de los académicos es precisamente ésa: ir por detrás y no por delante, orientando sobre la norma de uso, y no imponiéndola. Voces cultas, y no sólo de académicos –Alfonso Guerra se unió a ellas hace poco-, han explicado de sobra que las innovaciones no se corresponden a la RAE, sino a la sociedad de la que ésta es simple notario. En España la Academia no inventa palabras, ni les cambia el sentido. Observa, registra y cuenta a la sociedad cómo esa misma sociedad habla. Y cada cambio, pequeño o grande, termina siendo inventariado con minuciosidad notarial, dentro de lo posible, cuando lleva suficiente tiempo en uso y hay autoridades solventes que lo avalan y fijan en textos respetables y adecuados. De ahí a hacerse eco, por decreto, de cuanta ocurrencia salga por la boca de cualquier tonta de la pepitilla, media un abismo.

Así que tengo la obligación de advertir a mis primas que no se hagan ilusiones: con la Real Academia Española lo tienen crudo. Ahí no hay demagogia ni chantaje político que valga. Ni Franco lo consiguió en cuarenta años –y mira que ése mandaba-, ni las niñas capricho del buen rollito fashion lo van a conseguir ahora. En la RAE somos así de chulos. Y lo somos porque, desde su fundación hace trescientos años, esa institución es independiente del poder ejecutivo, del legislativo y del judicial. Su trabajo no depende de leyes, normas, jueguecitos o modas, sino de la realidad viva de una lengua extraordinaria, hermosa y potente que se autorregula a sí misma, desde hace muchos siglos, con ejemplar sabiduría. De forma colegiada o particular, a través de sus miembros –que no miembras-, siempre habrá en esa Docta Casa una voz que, con diplomacia o sin ella, recuerde que, en el Diccionario, la palabra idiotez se define como “hecho o dicho propio del idiota”.


Arturo Pérez-Reverte. XLSemanal, 29 de junio de 2008.
www.xlsemanal.com/perezreverte

(Vale, dije que no iba a poner textos de otros... lo hago porque esto necesita un empujón, no estoy inspirado, y me gustó el artículo).

sábado, 5 de julio de 2008

Malas noticias

El otro día leí una de esas noticias que te rompe el corazón. Ya sólo el titular es triste. Y al profundizar en el texto completo, dan ganas de llorar, de clamar al cielo, de hacer las maletas y marcharse de este mundo de injusticias y pesares.

Te preguntas cómo es posible que se sigan permitiendo este tipo de comportamientos. Si de verdad sirve de algo tener una declaración de los derechos humanos firmada por 48 países. Por qué se tapan los ojos los grandes poderes, los altos tribunales, los responsables religiosos, incluso una gran parte de la sociedad.

En fin, que he perdido la fe en la humanidad. No tengo esperanzas en el futuro. La degradación no tiene límites, y poco o nada puede hacer una persona para evitarla.

Me voy a llorar mis penas.

Ah, se me olvidaba. La noticia.

A partir de ahora, Sharapova llevará pantalones en los partidos. Mundo cruel.