lunes, 19 de mayo de 2008

Mariano Macbeth


(De otros lados)

MARIANO MACBETH
Almudena Grandes

Las tres brujas se aparecen ante Macbeth sin que él las haya invocado. Le halagan, le fascinan, le enloquecen con la promesa de un poder ilimitado. Macbeth se lanza, en pos de sus palabras, a una espiral de crímenes horribles y no sospecha que es apenas un títere, el juguete de tres mujeres astutas e impías, que lo utilizan sin escrúpulos para servir a fines muy distintos de los que declararon previamente. No sé si Mariano Rajoy ha leído a Shakespeare. Ignoro si conoce el argumento de este inmortal espejo de la ambición y las traiciones, pero me temo que en la política española se está montando un Macbeth, y que él ya ha sido elegido, desde luego a traición, y a su pesar, como protagonista.
Se me podrá objetar que Ana Botella desentona, y lo admito. Es cierto que se aturulla con algunos conceptos, que no domina el lenguaje profético, pero los números impares siempre son complicados, y en un trío, ya se sabe, es natural que alguien flaquee. Se me podrá objetar también que falta Lady Macbeth, pero en eso no estoy de acuerdo. Aunque su físico no acompañe, Soraya lleva semanas limpiando manchas de sangre simbólica en el Congreso y, que yo sepa, no ha conseguido borrar ninguna. Por otra parte, no me digan que el resto del reparto no está bien escogido.

Aquellos gritos de ¡Viva Mariano!, ¡Tú sí que eres un líder!, se han precipitado abruptamente por un abismo de deslealtad. De Aguirre me esperaba cualquier cosa, pero que María San Gil convocara a los medios en un día de luto, tras un atentado terrorista mortal, no para confortar a las víctimas sino para machacar a su jefe, ha desatado el pestilente aroma del azufre. Mientras tanto, Mariano se prepara para la batalla. Si hubiera leído Macbeth, ya sabría que no va a ser vencido por un hombre nacido de mujer. Ahora que, de las propias mujeres, Shakespeare no dijo nada. Ni mu.
(El País, 19/05/08)

domingo, 27 de abril de 2008

Despierta la Primavera

 
Despierta la Primavera. Se despereza y se levanta, justo a tiempo de despedirse del Invierno, que ya está cayendo dormido, acurrucado bajo una blanca colcha de algodón.

Tiene mucho trabajo por delante. Lo primero será pedirle al Sol que trabaje cada día unos minutos más, y que suba cada vez un poquito más alto, con el fin de aumentar la temperatura hasta que sea agradable, y dar más luz para activar el crecimiento de las plantas. Lo siguiente será cargar las nubes con agua, para que descarguen sobre la tierra fértil. Y azuzar a los vientos, que dispersarán las nubes, y el polen, y las semillas.

Después, tendrá que seguir trabajando, día a día, sin fiestas ni descansos, durante tres meses, mientras los brotes crecen, las plantas florecen, los osos salen de su sueño, y las hormonas se liberan en los cuerpos de pequeños y grandes animales.

Al final, llegará el turno del Verano, y la Primavera, por fin, podrá descansar hasta el próximo año.

Luiszama

viernes, 25 de abril de 2008

Vuelo


VUELO



Ella camina por el sendero, al borde del acantilado. Mar hasta donde alcanza la vista, monte, olor a jara, un viento leve que refresca la mañana. De pronto, nota el hormigueo en los hombros. Sigue adelante, fijando una atención obstinada en los accidentes del terreno. Al fin, tras superar un paso difícil, se detiene. No puede seguir ignorándolo: cada vez es más intenso, apremiante. Hacía tanto tiempo… había llegado a pensar que, después de todo, era cuestión de voluntad vencerlo. Se había jurado a sí misma que no iba a volver a pasar. Pero aquí está, de nuevo, y se da cuenta, como siempre, como cada vez, de que no puede hacer nada para contenerlo: es más fuerte que ella, lo será siempre. Suspira, desalentada. Mira alrededor. Nadie. Sólo el viento, el sol en lo alto, cerca del mediodía, el mar por todas partes. Una sonrisa se insinúa en su cara. Después de todo, ¿por qué no? Se libra de la mochila, de las pesadas botas, de toda la ropa. Se queda desnuda, quieta, con la vista fija en el horizonte, erguida, el viento desordenando su pelo. Abre lentamente los brazos y, con un grito de júbilo, se deja caer al vacío.

…Mucho más abajo, en una barca, un hombre interrumpe su faena al oír el graznido. Eleva la mirada al cielo, a la gaviota que vuela, segura, hasta perderse de vista.
Caracol-Osvaldo (Maite Capón)

lunes, 14 de abril de 2008

Pantallas

(De otros lados)


Manuel Vicent

PANTALLAS

No recuerdo haber visto nunca en una película norteamericana el interior de una casa donde apareciera una biblioteca familiar. Tampoco a ningún héroe del cine clásico, Gary Cooper, John Wayne, Henry Fonda, leyendo un libro en la mecedora del porche después de realizar cualquier hazaña. Por los descampados del lejano oeste puede que a veces cruzara un tipo con un levitón polvoriento vendiendo biblias. Queda la estampa cinematográfica de algún reverendo abriendo el libro de los salmos al borde de una fosa descarnada en el momento de mandar a los verdes valles del Edén a cualquier fiambre, pero luego, nada. Los deudos devoraban la tarta de frambuesa que había preparado Maureen O'Hara para después del funeral. Nadie será capaz de imaginar una secuencia con Robert de Niro, Jack Nicholson o Brad Pitt enfrascados en la lectura de una novela. Ni siquiera Woody Allen se ha permitido el lujo de decorar el despacho de su psicoanalista con una estantería cargada de volúmenes manoseados. Los libros en el cine no existen. Esos best sellers con títulos dorados en relieve, que las amas de casa meten en la cesta de la compra junto a las zanahorias, nunca se quedan en casa después de ser leídos. Cuando las cámaras llegan, el trapero ya se los ha llevado. Se ha dicho hasta la saciedad que las pantallas han derrotado a los libros. Media humanidad se pasa el día sentada devorando imágenes. En el avión, en el tren, en el bar, en el hospital donde te acaban de rajar, en el sofá en el que caes rendido al final del día siempre hallarás enfrente una pantalla vertiendo en tu cerebro infinidad de monigotes. Las fotos de los periódicos cada día más grandes, los cuerpos gloriosos de belleza visual que pueblan las revistas satinadas, también se han puesto de parte de las pantallas en la guerra contra la letra impresa. Pero de los libros se salvan siempre las imágenes. Se trata de saber qué tiene más fuerza todavía, si la imagen literaria que conservamos en la memoria después de la lectura o la visión de toda esa fantasmagoría de luces y sombras. Qué deja un oro más profundo en el alma, la goleta Hispaniola navegando rumbo a la Isla del Tesoro a través de las páginas del libro o Gary Cooper soplando la boca del revólver en la pantalla.

(El País, 13-04-08)